LOS DONES ESPIRITUALES EN EL ÁMBITO DE LA IGLESIA



Uno de los principales tópicos en la iglesia.
Los dones espirituales.


Empezamos

Pocos ámbitos de la doctrina son más controvertidos o confusos en la iglesia actual que los dones espirituales.

Esto también era así en el siglo I, al menos en Corinto, lo que explica por qué el apóstol Pablo trató el asunto tan a conciencia en 1 Corintios 12–14.

Aunque se puede abusar de ellos, y de hecho se abusa, y hasta falsearlos, los dones espirituales, del griego jarísmata, o “dones de gracia”, juegan un papel vital en el cuerpo de Cristo.

Dado que cada miembro contribuye de un modo único a la edificación del conjunto, es esencial entender lo que la Palabra de Dios enseña sobre la naturaleza y elejercicio de los dones espirituales.

Cristo no solo ha dotado a su iglesia de hombres de talento para preparar a los santos; Efesios 4:11-12, sino que su Espíritu también les concede a todos los creyentes capacidades espirituales para edificarse los unos a los otros en la iglesia; Romanos 12:5-8; 1 de Corintios 12:4-31; 1 de Pedro 10-11.

El Dios trino es la fuente de esos dones. Como Pablo explica en 1 de Corintios 12:4-6, los da el “mismo Espíritu”, el “mismo Señor”, y el “mismo Dios”.

Como todos los creyentes sin excepción son bautizados con el Espíritu en el momento de la conversión según 1 de Corintios 12:13, todos sin excepción reciben dones sobrenaturales para el servicio en el seno de la iglesia, según la prerrogativa soberana del Espíritu; 1 de Corintios 12:4, 6-11.
Estos dones espirituales no se limitan a un selecto grupo de cristianos.

Como todos los creyentes están dotados de manera sobrenatural, todos están obligados a ejercer su talento en el ministerio a los demás. Como los dones espirituales equipan a cada creyente de un modo único para que ministre al cuerpo corporativo de Cristo, el resultado es que los que están en la iglesia se edifican unos a otros dando un testimonio efectivo del poder de Dios ante un mundo que observa.

Cuando los creyentes ejercen sus dones, también manifiestan una conducta como la de Cristo.
Como Dios encarnado, el Señor Jesús posee estas cualidades en perfecta completitud.
Los creyentes exhiben estos dones cuando los emplean para beneficio de su cuerpo, la iglesia, por medio del poder de su Espíritu.

El principal término griego asociado a los dones espirituales es járisma, que significa “don de gracia”. Casi siempre se usa en el Nuevo Testamento para designar un don que ha sido libremente conferido por Dios, incluyendo al don de la salvación que se encuentra en el libro de Romanos 5:15-16; 6:23, las bendiciones inmerecidas de Dios; Romanos 1:11; 11:29 y las capacitaciones divinas para el ministerio; Romanos 12:6; y 1 de Pedro 4:10.

Al ser Dios quien los otorga por su gracia a los creyentes, 1 de Corintios 4,7, 11, 18, estas capacidades no pueden ganarse, aprenderse ni fabricarse. Se dan como “dones de gracia”, según su divina voluntad, para que los creyentes estén agradecidos por el don que han recibido.

Otro término griego importante, pneumatikós (“pertinente al Espíritu”), se encuentra en 1 de Corintios 12:1. Esta palabra, que significa literalmente “espirituales” o “espiritualidades”, se refiere a aquello que tiene características espirituales o que está bajo el control espiritual. Aunque puede aplicarse a personas o cosas, el contexto de 1 de Corintios 12:1 indica que allí se refiere a cosas espirituales, a saber, los dones de gracia que el Espíritu Santo concede a los creyentes; 1 de Corintios 12:4, 9, 28, 30-31; 14:1. A excepción de Efesios 6:12, donde habla de fuerzas espirituales hostiles, este término se usa siempre en el Nuevo Testamento en alusión a aquello relacionado con el Espíritu Santo. Cuando se aplica a los dones espirituales, designa el hecho de que esas capacidades otorgadas por el Espíritu se deben utilizar bajo su control, para la gloria de Cristo.

A diferencia de las capacidades o talentos naturales, que pueden exhibir los creyentes y los incrédulos por igual, los dones espirituales solo pueden recibirse en el momento de la salvación. El Espíritu Santo los concede a los creyentes para que puedan ministrarse unos a otros de manera efectiva, por medio de su capacitación divina.
Los creyentes son dotados de forma única para que la diversidad de sus dones cubra todo lo necesario para contribuir a la unidad del cuerpo. Como Pablo explica en 1 de Corintios 12:7-27, el cuerpo no funcionaría de un modo adecuado si cada miembro tuviera la misma función. El Espíritu Santo dota a los creyentes con una variedad de dones para que al ejercer cada miembro su don todo el cuerpo obre en conjunto de forma productiva. Los creyentes han de ser fieles administradores de los dones que reciben; 1 de Pedro 4:10, emplear su talento único para glorificar a Dios y edificar a sus hermanos creyentes.

Al hacerlo, el cuerpo se moldea a imagen de la Cabeza, el Señor Jesucristo; Efesios 4:11-13. Los dones espirituales no son signos de prestigio o privilegio ni deberían producir orgullo espiritual, sino que son dados para que los creyentes sirvan con un espíritu de generosidad; Filipenses 2:2-4, y humildad; Romanos 12:3. El ejercicio de los dones espirituales no debería causar trastorno ni división dentro de la iglesia; 1 de Corintios 14:40.

El propósito de los dones espirituales no es la autoedificación, sino la edificación de los demás; 1 de Pedro 4:10; comparece con Efesios 4:11-12.

Pablo declara explícitamente que son proporcionados “para el bien de los demás1 de Corintios 12:7. Por consiguiente, la intención de Dios es que los creyentes usen sus dones espirituales en relación con los demás creyentes y no para símismos en privado.

Sin lugar a duda, los creyentes son bendecidos de forma personal cuando usan su don para servir a los demás, pero esa bendición es un subproducto y no el propósito de emplear sus dones.

Usar el don que se tiene para autoedificarse va claramente en contra de toda la idea de Pablo en 1 de Corintios 12–14, donde hace repetido énfasis en la prioridad del amor hacia los demás como fundamental para el adecuado ejercicio de los dones espirituales; 1 de Corintios 12:7-10; 13:1-7; 14:12, 26.

El apóstol usa ejemplos extremos para exponer su argumento, y escribe:

1 Corintios 13:1-3

"Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve".

Y estas palabras demuestran que el ejercicio de cualquier don sin amor, independientemente de lo elevado o extremo que sea, anula su valor espiritual. Sin embargo, cuando los dones espirituales se emplean de la forma apropiada, impulsados por el amoroso deseo de edificar a otros creyentes, son de edificación para la iglesia, Cristo es manifestado y se glorifica a Dios.
1 de Corintios 12:4-27.


By: Soto Galvez, Pablo

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