LA INMUTABILIDAD DE DIOS
La inmutabilidad de Dios es su libertad frente al cambio, es exento a éste, no muta. Por lo tanto, su Ser es el mismo en virtud de su propia naturaleza, es decir; eternamente pleno.
Como Ser infinito, absoluto, autoexistente y absolutamente independiente, Dios es exaltado por encima de todo devenir y
desarrollo, así como también por encima de toda disminución, no posee, tiene, conoce, percibe o llega a la posibilidad de cambio.
Es, por tanto, un atributo absoluto privativo de Dios que le confiere la cualidad de no alterarse en su naturaleza.
Empezamos
La doctrina de la inmutabilidad divina afirma que Dios está exento de todo cambio. Al existir fuera del tiempo, Él es todo lo que es en un momento inmutable, libre del movimiento y desarrollo de la historia. Aunque Él interactúa en el momento cronológico del desarrollo histórico de la realidad, esto es; que los seres humanos experimentan como inmutable su relación con Él y, por ende, perfectamente digno de confianza. Sin embargo, queda eximido, inmune del movimiento y del desarrollo de esta historia en el sentido de su propia esencia y el tipo de Ser que es.
La inmutabilidad distingue a Dios de las criaturas mutables, como los seres humanos y los animales, que nacen, crecen y mueren. También lo distingue de las cosas inanimadas que son moldeadas, movidas y destruidas. A diferencia de estas, Dios no tiene que crecer y cambiar, ni puede ser reformado o destruido.
Empezamos
La doctrina de la inmutabilidad divina afirma que Dios está exento de todo cambio. Al existir fuera del tiempo, Él es todo lo que es en un momento inmutable, libre del movimiento y desarrollo de la historia. Aunque Él interactúa en el momento cronológico del desarrollo histórico de la realidad, esto es; que los seres humanos experimentan como inmutable su relación con Él y, por ende, perfectamente digno de confianza. Sin embargo, queda eximido, inmune del movimiento y del desarrollo de esta historia en el sentido de su propia esencia y el tipo de Ser que es.
La inmutabilidad distingue a Dios de las criaturas mutables, como los seres humanos y los animales, que nacen, crecen y mueren. También lo distingue de las cosas inanimadas que son moldeadas, movidas y destruidas. A diferencia de estas, Dios no tiene que crecer y cambiar, ni puede ser reformado o destruido.
Dios es absolutamente inmutable en su esencia y atributos. Él no puede ni aumentar ni disminuir. No está sujeto a ningún proceso de desarrollo o de autoevolución. Su conocimiento y poder nunca pueden ser mayores o menores. Él no puede ser más sabio o más santo, o más justo o más misericordioso de lo que nunca ha sido y siempre debe ser.
Cualquier cambio que sufriera seria para bien o para mal, pero cada uno de estos es imposible para un ser divino perfecto.
Recordemos que Dios es acto puro, Él no posee potencialidades.
Un ejemplo claro para entender la potencialidad del cambio de una cosa dentro del léxico filosófico, puede ser este:
Cualquier cambio que sufriera seria para bien o para mal, pero cada uno de estos es imposible para un ser divino perfecto.
Recordemos que Dios es acto puro, Él no posee potencialidades.
Un ejemplo claro para entender la potencialidad del cambio de una cosa dentro del léxico filosófico, puede ser este:
"Un niño de 5 años posee ahora un juguete de plástico, si yo le aplico calor a este juguete de plástico; funcionando este como un agente externo, entonces potencialmente se va a derretir, y se convierte o actualiza en un plástico derretido".
Tal juguete de plástico tiene la potencialidad de ser un plástico derretido. La potencialidad de ser un plástico derretido existe dentro de la esencia de este juguete.
Notamos entonces que, para que algo pase de la potencia al acto, se necesita un agente externo para cumplir con esta función de potencialidad, o dicho de otra forma, para cumplir la función de posibilidad del cambio, ya que tal cosa es un ser contingente, necesita de un agente externo para pasar de un estado a otro.
Dado el tipo de Ser que es Dios, no cumple estos requisitos para ser potencialmente cambiado, debido a su esencia o naturaleza, y queda automáticamente descartado por su categoría.
(Entendamos por "esencia" a la substancia, contenido, nucleo o naturaleza del objeto en cuestión).
De esta manera se contrasta.
Dios no tiene la capacidad intrínseca de cambiar, Él es acto puro, Él no tiene ninguna potencialidad porque cualquier potencialidad de cambio evidenciaria una deficiencia, lo cual lo haría pasar de algo pleno a algo más, contraponiendose así a Dios y a sus atributos, los cuales son totalmente plenos, máximos, e inmejorables.
Al mismo tiempo, Dios no es estático e inerte. Más bien, está exento de cualquier cambio porque Él es, simultáneamente, la totalidad de la vida y la actividad.
Es esencial pata la inmutabilidad de Dios que no se entienda equívocamente como estancamiento, impasibilidad o inmóvilidad.
Describirlo de esta manera sería tergiversar lo que verdaderamente es tal atributo.
Describirlo de esta manera sería tergiversar lo que verdaderamente es tal atributo.
Tengamos en claro que la inmutabilidad es una cualidad exclusiva del Ser Supremo, que lo hace inmune a los cambios, ya sean de naturaleza cualitativa o cuantitativa, es decir perteneciente a la calidad y a la cantidad, pero no de la imposibilidad de tomar acción libremente.
Ser pleno e inmutable en naturaleza, no es sinónimo de estar limitado en libertad o acciones libres dentro del mundo. Al contrario, dado que Dios es Trascendente, lo que él hace de forma libre, ya sea cualquier tipo de acción correspondiente a su naturaleza, lo hace sin que sea afectado, debido al tipo de Ser que es.
La inmutabilidad de Dios no impide su participación en los cambios y las transiciones de la historia, recordemos que Él es, simultáneamente la totalidad de toda actividad, como lo mencionamos anteriormente, incluidos los que se describen en la revelación bíblica.
Antes bien en su actividad dentro de la historia, Dios muestra su carácter inmutable.
Pero, esto parece ser un problema con los pasajes donde se dice que Dios cambia de parecer, se arrepiente, pasar de un estado emocional a otro o se lamenta, o no?
Esto se resuelve de manera sencilla.
El compendio bíblico es muy rico en cuanto a distintivos literarios, por ende; se emplean recursos o figuras literarias que son parte de cada escritor/escrito que sirven como analogías para plasmar un acontecimiento en concreto.
La forma escritural de los autores dentro de la Biblia asumían una expresión humana hacia Dios para poder declarar, desvelar o explicar su actuar, usando ciertos términos para acuñarlo, ya sea enojo, ira, protección, amor, arrepentimiento, etc, y de esta manera poder identificar el por qué de la toma de acción de Dios para con ellos. A lo que ahora se le conoce, dentro de la literatura bíblica, Antropopatismo.
Antropopatismo es la atribución de sentimientos humanos a Dios.
Se emplean tales recursos para que el ser humano pueda entender la acción divina en la historia sagrada, como lo mencionamos anteriormente.
Es necesario entender esto de manera correcta, y no caricaturizada, pues Dios no adquiere o se compone por sentimientos uno tras otro en su naturaleza. El no es un ser "emocional", es decir; que llega a tener cambios en Su estado de ánimo, ya que esto evidenciaría una deficiencia en su ser absolutamente pleno. Él es Acto Puro, por lo tanto, estas descripciones de Dios como enojado y vengativo, no es enojo ni venganza de un ser destructivo con un fin malévolo, dado que Él no es "ésto" en naturaleza, como muchos lo suelen comprender, simplemente es Dios mismo, que es Justicia Divina y Soberana ante las acciones humanas.
De esta manera nos damos cuenta que Dios realmente no cambia de parecer o mejora ontologicamente, al contrario, esto muestra que no es indiferente a lo que ocurre en
este mundo. Dios no es un ser privado de actuar.
Cuando vemos un lado distinto del "rostro" de Dios, no es porque haya cambiado, sino porque nosotros hemos cambiado en relación con Él.
Al mismo tiempo, Dios muestra su inmutabilidad al permanecer perfectamente fiel a sus promesas. Lo que Dios quiere es lo que hará, y lo que Él comience, lo completará.
La inmutabilidad está
esencialmente unida a su bondad.
Es por eso que cuando afirmamos que Dios es bondad, queremos decir que Él no puede ser mejor de lo que es. O sea, Dios no tiene que cambiar, o variar, para ser perfecto, es pleno por su propia naturaleza.
En Él, la perfección tiene como límite lo ilimitado; y, como contorno, lo infinito.
Es esto lo que realmente es la inmutabilidad de Dios, la inmutabilidad divina. Tal atributo ni siquiera descarta o contradice que sea un ser activo por si mismo, ya que de la inmutabilidad no se infiere tal cosa.
Además, Jesús afirmó que: “Mi Padre hasta ahora trabaja”, nos reveló cuan dinámica es la divinidad. Y este no es el único, en la Biblia hay infinidad de pasajes que revelan esto.
No hay, pues, estancamiento ni cambio en Dios.
La inmutabilidad de Dios no es un obstáculo para la relación humana con Dios, sino el fundamento de la confianza en Él.
Leamos juntos algunos versículos clave para respaldarnos sin lugar a dudas en la Biblia.
Malaquías 3:6
"Yo, el Señor, no cambio, pero ustedes no han dejado de ser hijos de Jacob."
Santiago 1:17
"Todo beneficio y todo don perfecto bajan de lo alto, del creador de la luz, en quien no hay cambios ni períodos de sombra."
Salmos 102:26-27
"tú antaño fundaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos. Ellos perecen y tú perduras, se desgastan todos como la tela; tú como a un traje los cambias y ellos se desvanecen. Pero tú eres el mismo y no se acaban tus años."
Números 23:19
"No es Dios un ser humano para que pueda mentir, ni es mortal para cambiar de opinión. ¿Dirá algo y no lo hará? ¿Prometerá y no lo cumplirá?"
Hebreos 6:17
"
Romanos 1:23
"que llegaron a cambiar la grandeza del Dios que nunca muere por imágenes de personas mortales, y aun de pájaros, de cuadrúpedos y de reptiles."
Noten la diferencia aquí entre inmortal/mortal, que es igual a inmutable/cambiante.
Esto es la doctrina de la inmutabilidad de Dios.
By: Soto Galvez, Pablo


