TERMINOLOGÍA DIVINA EN LA DEIDAD





La terminología divina o los nombres de Dios son las denominaciones descriptivas, designaciones y títulos que él se asigna a sí mismo en la Biblia y que, por lo tanto, revelan las formas adecuadas en que deberíamos pensar en él e invocarlo.

Empezamos


El Dios de la Escritura posee nombres personales, títulos y nombres metafóricos. Estos nombres de Dios suelen ser descripciones de su carácter o poder.

Los nombres más importantes de Dios son El—incluyendo su forma plural Elohim, que era el término común para la deidad en las lenguas semíticas, hebreo, arameo, árabe, etc, y YHWH, que era el nombre específico usado por el pueblo de Israel en virtud de una revelación especial dada por Dios a Moisés.

El nombre YHWH era tan sagrado que los judíos finalmente se negaron a pronunciarlo, motivo por el cual no contiene vocales en los manuscritos que han sobrevivido.
En su lugar, utilizaron la palabra Adonai: “mi Señor”. Traductores posteriores combinaron estas dos palabras, agregando las vocales de Adonai a las consonantes de YHWH para producir la forma híbrida Yahowah — o “Jehová”, que es como ha acabado convirtiéndose en español.

Los eruditos modernos han reconstruido la forma original probable Yahweh, que puede traducirse como “El que es”, “Yo seré quien seré” o como en la Septuaginta “Yo soy”.
Es esta última forma del nombre de Dios la que Jesús reclamó para sí mismo: Juan 6:20, 8:24, 28, 58, 18:5.

En el Nuevo Testamento YHWH se suele traducir como “Señor”, una práctica seguida en la mayoría de las demás traducciones para los casos en los que aparece en cualquiera de los dos Testamentos. Cuando el Antiguo Testamento emplea “Señor” o “Dios” para traducir YHWH las palabras se escriben en letras mayúsculas: “SEÑOR” y “DIOS”, una práctica que se remonta a Martín Lutero.

En el uso bíblico, los nombres de Dios están estrechamente relacionados no sólo con su carácter sino también con su poder, especialmente su poder ejercido a favor de su pueblo: Romanos 10:12-13. Un nombre clave de Dios que establece esta conexión es El Shaddai, que se traduce como Pantokrator en el Nuevo Testamento griego y como “Todopoderoso” en español. Por definición, este nombre es indicativo de monoteísmo, ya que solamente puede haber un ser que sea verdaderamente Todopoderoso. Otros nombres, como Jehovah-yireh: Génesis 22:9-14, y Jehovah-rofe Éxodo 15:22-26 están relacionados con incidentes concretos en la vida del pueblo de Dios. Estos nombres, al igual que El Shaddai, son adaptaciones o modificaciones de nombres de Dios más habituales.

Invocar el nombre de Dios es invocar su poder para actuar, y es un gran pecado abusar de esto al jurar o mediante algún otro uso profano del nombre de Dios.

Ahora, este punto debe entenderse de manera adecuada y no desviada, ya que se ha dicho mucho sobre "no usar el nombre de Dios en vano" pero lo recalcan fuera de su contexto.

El tercero de los diez mandamientos prohíbe tomar o usar el nombre del señor en una forma vana, porque eso indicaría una falta de respeto a Dios mismo.
Una persona que usa incorrectamente el nombre de Dios, el señor no lo dará por "inocente" Éxodo 20:7.

En el antiguo testamento, se deshonraba el nombre de Dios cuando no se cumplía con un juramento o una promesa hecha en su nombre Levítico 19:12. El hombre que usaba el nombre de Dios para legitimar su juramento y, luego rompía su promesa, daba a entender su falta de reverencia hacia Dios, así como una falta de temor de su justo castigo. 

El nombre de Dios es un regalo de gracia para Israel. Y es en este nombre, no por medio de un ídolo: Éxodo 20:2-4, sino que Israel tiene acceso a Dios en adoración. Por tanto, el nombre de Dios ha de ser reverenciado.
Este mandamiento prohíbe también el uso del nombre de Dios en el culto falso, para encantamiento y adivinaciones.

Sin embargo ahora, en todos los cristianos, no hay necesidad de usar el nombre de Dios para legitimar un juramento, ya que en primer lugar no estamos llamados para hacer juramentos; que nuestro hablar sea "" y nuestro no sea "no": Mateo 5:33-37.

De manera aplicativa bajo el Nuevo Testamento esto tiene un sentido más amplio en el hecho en que la gente tome el nombre del señor en vano.
Aquellos que mencionan el nombre de Cristo, que oran en su nombre, y que toman su nombre como parte de su identidad, pero que deliberada y continuamente desobedecen sus órdenes, están tomando su nombre en vano.
Si profesamos ser cristianos, pero actuamos, pensamos y hablamos en una manera mundana o profana, estamos tomando su nombre en vano.
Cuando representamos inadecuadamente a Cristo, ya sea intencionalmente o por ignorancia de la fe cristiana como se proclama en las sagradas escrituras, estamos tomando el nombre del señor en vano.
Cuando decimos que lo amamos, pero no hacemos lo que él nos manda: Lucas 6:46, estamos tomando su nombre en vano.


Leamos juntos algunos versículos clave para respaldarnos sin lugar a dudas en la Biblia.

Génesis 17:1

"Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto".

Éxodo 6:2-3

"Dios habló a Moisés y le dijo: — Yo soy el Señor. Me manifesté a Abrahán, Isaac y Jacob como el Todopoderoso, pero no les revelé mi nombre, el Señor".

Éxodo 3:14

"Dios dijo a Moisés: — Soy el que soy. Y añadió: — Esto responderás a los israelitas: “Yo soy” me envía a ustedes".

Apocalipsis 1:8

"Yo soy el Alfa y la Omega —dice el Señor Dios— el que es, el que era y el que está a punto de llegar, el dueño de todo”.


Esto es la doctrina del Nombre.


By: Soto Galvez, Pablo

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